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lunes, 29 de marzo de 2010

COMUNICADO DE LA PRESIDENCIA DE LA CEV



COMUNICADO DE LA PRESIDENCIA DE LA CEV



1. Al llegar este año a la Semana Santa, tiempo fuerte de nuestra vida cristiana, durante el cual los católicos celebramos la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, nuestro Salvador, los Obispos de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), les invitamos a todos a aprovechar al máximo este tiempo de gracia para fortalecer nuestra fe, asistiendo a los oficios religiosos y realizando con generosidad obras de misericordia y de justicia.

2. Hacemos nuestra la preocupación del Emmo. Señor Cardenal Mons. Jorge Urosa Savino, expresada en su reciente Carta de Semana Santa, por las amenazas que se ciernen sobre nuestra fe y la Religión Católica por el creciente secularismo, los embates de la superstición, de la nueva era y del santerismo”; por los escándalos de algunos ministros de la Iglesia, divulgados por la prensa internacional y por el creciente espíritu antirreligioso difundido por la corriente atea marxista.

3. La Semana Mayor es también tiempo propicio para elevar, llenos de confianza, fervientes e insistentes plegarias al Padre Providente para que envíe la anhelada lluvia en las áreas más necesitadas y llegue así a su fin la prolongada sequía que tanto está afectando a nuestro país.

4. La Semana Santa es un tiempo propicio para reiterar nuestro llamado a todos los ciudadanos, a los gestores sociales y políticos y en particular a las autoridades de los distintos poderes del Estado venezolano a multiplicar las acciones que promuevan la convivencia ciudadana a través de la tolerancia y el respeto a los derechos humanos superando la tentación de utilizar el poder para privilegiar a unos en detrimento de otros, para restringir la libertad de opinión y acallar la disidencia.

5. Pedimos a Dios haga llegar su salvación liberadora a todos los habitantes de nuestro país, particularmente a los secuestrados, a los privados de libertad, a los excluidos. Que Cristo muerto y resucitado nos comunique su Espíritu para “construir la convivencia fraterna, amando a todos sin excluir a nadie, solidarizándonos con los pobres y trabajando por la reconciliación y la paz”.

miércoles, 25 de febrero de 2009

UN VENEZOLANO COORDINARÍA LA PROGRAMACIÓN ESPAÑOLA DE RADIO VATICANA



UN VENEZOLANO COORDINARÍA LA PROGRAMACIÓN ESPAÑOLA DE RADIO VATICANA

Bogotá - 25/02/2009 ( INFODECOM ):


Padre David Gutiérrez (en la foto) podría ser el nuevo responsable de los programas en lengua española de Radio Vaticano, en reemplazo del jesuita Juan José Fernández Ibáñez que falleció el pasado 6 de febrero por motivos de salud, quien fuera muy apreciado por su sencillez y su calidad humana; de hecho actualmente aún se escuchan en Radio Vaticana los programas que este jesuita había grabado para no descuidar su servicio.




P. David Gutiérrez, de la arquidiócesis de Coro (Venezuela), es el actual Director de la Oficina de Prensa del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Si bien la noticia ya es “vox populi” en ambientes comunicativos eclesiales, la noticia de la marcha del Padre Gutiérrez hacia tierras romanas, podría ser confirmada en las siguientes semanas.Este sacerdote venezolano comenzó su carrera gracias a sus cualidades comunicativas en el mundo de la radio, que le valió la invitación a trabajar en Radio Vaticano durante el Jubileo del años 200; fue allí donde conoció a P. Lombardi – actual director de la Sala de Prensa y de la Radio Vaticana.Gracias a los estudios de especialización que realizó durante su estadía en Roma, cuando regresó a Venezuela, fue invitado a trabajar en Colombia como Secretario Ejecutivo del departamento de Comunicación del CELAM. El destino quiso que coincidiera su mandato con la preparación de la V Conferencia de Aparecida, por lo que dejó el puesto en el CELAM para encargarse de organizar toda la cobertura periodística de la V Conferencia del Episcopado en Aparecida, organizando también la cobertura periodística de la visita del Papa Benedicto XVI a Brasil.

A diferencia de otras ocasiones la tarea del departamento de prensa de la V Conferencia de Aparecida fue todo un éxito, lo que le valió la estima y confianza de muchas personalidades, entre ellas del P. Federico Lombardi que habría puesto sus ojos en el sacerdote venezolano para encargarle la producción española de la Radio Vaticana.


P. Gutiérrez deja el CELAM donde desenvolvía un servicio en el campo de la prensa, que había sido creado especialmente para él cuando terminó la V Conferencia de Aparecida; y en Radio Vaticana coordinará la programación en español, que a diferencia de otros años ya no hace distinción entre redacción para España y otra para Hispanoamérica.foto: David Gutiérrez.

Infodecom: redactodo y fotos de infodecom.

jueves, 8 de enero de 2009

Apertura de la 91 Asamblea Episcopal Venezolana.

DISCURSO DE APERTURA
DE LA XCI ASAMBLEA ORDINARIA DE LA CEV
PRONUNCIADO POR MONS. UBALDO SANTANA SEQUERA
ARZOBISPO DE MARACAIBO Y PRESIDENTE DE
LA CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA










Su Eminencia, Sr. Cardenal Jorge Urosa Savino
Excmo., Mons. Giacinto Berloco, Nuncio Apostólico de Su Santidad Benedicto XVI en Venezuela,
Hermanos arzobispos, obispos, administradores diocesanos y obispo electo
P. Jesús Orbegozo y demás miembros de la Junta Directiva de CONVER
Ing. Mario González y demás miembros de la Junta Directiva del CNL
Sor Nubia Marín y demás miembros de la Junta directiva de AVEC
Directores y Directoras de los Departamentos del SPEV
Invitados especiales
Representantes de los Medios de Comunicación Social


I. SALUTACIONES

1.-Al iniciar la nonagésima primera Asamblea Ordinaria de nuestra Conferencia Episcopal, les transmito a todos los presentes un saludo impregnado de la gracia de la Navidad y de la esperanza que trae un nuevo año de paz, sobretodo para el nuevo conflicto que ha estallado en el Medio Oriente. Auguramos una pronta resolución pacífica y estable. Agradecemos la presencia de las juntas directivas de CONVER, CNL y AVEC y de los demás invitados especiales. Estamos seguros que sus aportes contribuirán al mejor desenvolvimiento de nuestros trabajos.

2.- Reciba, Señor Nuncio, un saludo especial de todo nuestro cuerpo episcopal. A través de su persona le manifestamos al Santo Padre Benedicto XVI nuestra plena adhesión tanto a su misión como a su magisterio, así como nuestra gran alegría por el próximo y primer encuentro que nuestro episcopado tendrá, Dios mediante, con él en la próxima “visita ad limina,” la primera también de este milenio. En este contexto en el que nos formulamos votos y deseos, le manifestamos a su Excelencia, nuestra plena solidaridad colegial así como nuestra cercanía espiritual en las gestiones que realiza para encontrar una salida justa y humanitaria al caso del Sr. Nixon Moreno.

3.-Ateniéndome a los Estatutos, presentaré a continuación un panorama de la Iglesia y del país y la agenda de trabajo de esta asamblea ordinaria.



1. PANORAMA ECLESIAL

1.1- ACONTECIMIENTOS ECLESIALES

Una mirada retrospectiva sobre el año que acaba de concluir, nos lleva a dar gracias al Dios de Nuestro Señor Jesucristo por los abundantes y variados signos de su presencia en la Iglesia universal, en nuestro continente, en nuestra conferencia episcopal y en nuestras iglesias particulares. Acogimos llenos de esperanza las dos importantes iniciativas propuestas por el Santo Padre Benedicto XVI: la inauguración del Año Paulino y la XII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios en el ser y la misión de la Iglesia. También es importante reseñar la recepción de la Instrucción “Dignidad de la persona” de la Congregación de la Doctrina de la Fe sobre algunas cuestiones de bioética, del pasado 8 de septiembre.

En nuestro continente el acontecimiento de mayor relieve fue sin duda el lanzamiento de la Misión Continental, acto que tuvo lugar en Quito el pasado 17 de agosto en la clausura del Tercer Congreso Americano Misionero. La celebración revistió particular trascendencia para Venezuela, entre otros motivos, porque allí se anunció la elección de Maracaibo como sede en el 2012 del Cuarto Congreso Americano Misionero.

En el ámbito nacional, la celebración de mayor impacto fue sin duda alguna la espléndida beatificación de la Madre Candelaria de San José, en el marco de una multitudinaria eucaristía presidida por el Cardenal Saraiva Martins, prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos. Es la primera celebración de este tipo que se realiza en el país y la considero, en muchos aspectos, la mejor concreción de la renovación litúrgica que el Concilio Plenario desea ver presente en nuestras celebraciones dominicales y festivas. Por ser la beata de origen llanero, la diócesis de Valle de la Pascua también organizó con gran éxito una Eucaristía de acción de gracia en Altagracia de Orituco, su pueblo natal.

Otros acontecimientos referidos al Episcopado patrio dignos de reseñar, fueron la ordenación episcopal de Mons. Jesús González de Zarate como obispo auxiliar de Caracas, la designación de Mons. Rafael Conde como V Obispo de Maracay, el nombramiento de Mons. Antonio López como nuevo arzobispo de Barquisimeto, la elección de Mons. Manuel Díaz Sánchez como nuevo arzobispo de Calabozo y la elección de Mons. Jorge Aníbal Quintero, sacerdote del presbiterio de San Cristóbal, para ocupar la sede de la diócesis de Margarita. Bienvenido Mons. Quintero a nuestro colegio episcopal y a este organismo nacional.

En el 2008 varios hermanos obispos celebraron fiestas de gran significación personal y eclesial. Mons. Antonio José Ramírez Salavarría, obispo emérito de Maturín y decano de nuestro episcopado, celebró 50 años de vida episcopal. Mons. Ovidio Pérez Morales, arzobispo-obispo emérito de Los Teques, celebró sus bodas de oro sacerdotales. Mons. Baltazar Porras Cardoso, Arzobispo de Mérida y Mons. Cesar Ortega Herrera obispo de Barcelona, festejaron, por su parte, 25 años de servicio episcopal.

En el transcurso del año falleció Mons. Miguel Delgado Ávila, obispo emérito de Barcelona y ex-Secretario General de la CEV. Fue un obispo ejemplar, de gran corazón, de luminosa inteligencia y marcado espíritu fraterno. Que Dios Padre lo colme de gozo y de gloria en su presencia. También encomendamos al Señor el alma del sacerdote Daniel Orellana, quien fue encontrado muerto hace exactamente un año. Manifestamos a su familia nuestra cercanía espiritual.

1.2- INTENSA ACTIVIDAD DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL

En el año que acaba de concluir nuestra Conferencia episcopal desarrolló una intensa actividad. Sostuvimos dos asambleas ordinarias y dos extraordinarias. Se produjeron 12 documentos de distinta índole: exhortaciones, declaraciones, mensajes, comunicados. Entre ellos huelga destacar los siguientes: en enero la exhortación “Caminos de reconciliación y esperanza”. En abril un mensaje sobre el Año paulino: “San Pablo servidor de JC y predicador del evangelio” y una Declaración sobre “La actualidad educativa del país”. En julio la Exhortación “Unidos en la justicia y la rectitud”; el Documento “Renovemos la mente y el corazón” sobre espiritualidad y un mensaje con motivo de los 40 años de la Conferencia General de Medellín. Finalmente en octubre la Exhortación “Por la vida y la Democracia”.

La presidencia de la Conferencia, por su parte, sostuvo 15 reuniones de trabajo, realizó una visita oficial a la Santa Sede, emitió 6 comunicados para orientar en el discernimiento cristiano de acontecimientos relevantes de la vida del país. Las reuniones periódicas sostenidas con las directivas de la Confederación Venezolana de Religiosos y Religiosas (CONVER) y del Consejo Nacional de Laicos (CNL), así como las múltiples asesorías y consultorías que recibimos de personalidades calificadas en distintas materias ampliaron nuestros horizontes y nos ayudaron a darle mayor fundamento a nuestros trabajos. A todos les expresamos nuestra gratitud por su disponibilidad y espíritu de cooperación.

La CEV es una institución pequeña y joven, acaba de cumplir apenas 40 años, que poco a poco va creciendo y fortaleciéndose (Cf. Lc 2,40). En el seno de nuestro organismo nos regimos por la consigna agustiniana: en lo verdadero unidad, en lo opinable libertad, en todo caridad. Hemos procurado ser un organismo colegial cohesionado, activo y presente en la hora histórica de nuestra Iglesia, del mundo y de nuestro país.

En nuestras actuaciones y en nuestros pronunciamientos nos hemos propuesto mantenernos fieles a nuestra misión evangelizadora., concientes de que no somos actores políticos sino pastores de todo el pueblo de Dios. Con el Santo Padre estamos convencidos de que “si la Iglesia comenzara a transformarse directamente en sujeto político, no haría más por los pobres y por la justicia, sino que haría menos, porque perdería su independencia y su autoridad moral, identificándose con una única vía política y con posiciones parciales opinables. La Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres, precisamente al no identificarse con los políticos ni con los intereses de partido”[1]

Las 26 exhortaciones pastorales que han salido de nuestras Asambleas ordinarias y extraordinarias en esta última década son suficientemente reveladoras del propósito fundamental que ha orientado el servicio pastoral de la Conferencia Episcopal[2].
Hemos anunciado a Jesucristo como camino, verdad y vida.
Hemos invitado a los venezolanos a encontrarse con él para tener vida en abundancia.
Hemos tratado de ser voz de los que no tienen voz y de proclamar los derechos fundamentales de los desposeídos.
Hemos promovido la democracia al defender el derecho a la vida, al luchar por la erradicación de la pobreza y al trabajar por una sociedad más justa.
Hemos declarado la necesidad de recuperar la confianza en el voto universal y secreto como herramienta primordial de participación soberana de los ciudadanos.
Hemos promovido desde nuestra propia sede en Montalbán, Caracas, el diálogo, la inclusión, la pluralidad, el respeto a la disidencia y la justicia social desde los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.
Hemos abogado por la reconciliación, el perdón, la convivencia como rutas indispensables para construir la paz en la justicia y la libertad.

Cuando hemos hecho denuncias sobre situaciones alarmantes[3], lo hemos hecho como pastores de un pueblo que desean contribuir, desde su misión religiosa y desde un enfoque ético-moral, en la corrección de los abusos y desvíos para mejorar la calidad de nuestra vida democrática.

¿Hemos logrado nuestro cometido? ¿Es así como efectivamente se nos ha percibido? No nos toca a nosotros responder esa pregunta. Hay que reconocer que mantener esta postura no ha sido fácil. El clima de crispante polarización, de radicalidad política y de confrontación permanente hizo muy ardua nuestra tarea. Nos hemos esforzado por encontrar siempre el lenguaje adecuado para dirigirnos a todos los católicos independientemente de sus posiciones políticas y desmarcarnos de los bandos en pugna. Nos tocó caminar a menudo entre dos posiciones: los que deseaban que bendijéramos sin más la política oficial y los que aspiraban transformarnos en sus portavoces y correas de transmisión.

1.3 - UNA IGLESIA EN CAMINO DE CONCILIO Y EN ESTADO DE MISION

La Iglesia en Venezuela se encuentra en proceso de renovación y en estado de misión. Con el Concilio Plenario de Venezuela nuestras Iglesias particulares se han dado un macro proyecto de evangelización para el inicio del Tercer Milenio. Nuestra gran tarea no es otra que la de asumir y aplicar las líneas pastorales contenidas en los 16 documentos que aprobamos en las 6 sesiones conciliares (2000-2005).

El mejor contexto para asumirlos son los planes de renovación pastoral de cada una de nuestras iglesias. Si somos fieles a los documentos aprobados y asumimos sus orientaciones en nuestros proyectos propios, el conjunto de nuestras iglesias locales caminarán en una comunión mucho más estrecha. Para facilitar la puesta en marcha del Concilio, la Conferencia aprobó la creación de una Comisión de Aplicación, presidida por Mons. Ovidio Pérez Morales. A esta Comisión se le debe, entre otras iniciativas, la publicación de comentarios y estudios de los diversos documentos conciliares.[4]

Las conclusiones de Aparecida coinciden ampliamente con las del Concilio. Tanto su tema central: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en él tengan vida”, como sus líneas pastorales, confirman y ratifican el acertado programa evangelizador del Concilio[5]. Por tal motivo en la Conferencia Episcopal consideramos que lo mejor era integrar las Líneas Pastorales de Aparecida dentro de las Orientaciones del Concilio Plenario.

El Año Paulino nos ofrece una estupenda oportunidad para asumir, desde el talante misionero del Apóstol de los gentiles, las conclusiones misioneras del Concilio Plenario, particularmente las líneas de acción relativas a la Pastoral bíblica. [6],[7]

1.4 - LA MISION CONTINENTAL

La Misión Continental fue un proyecto que se vino gestando desde la fase preparatoria de Aparecida, fue acogido con interés por el Santo Padre y finalmente aprobado los Obispos del Continente en Aparecida. La Conferencia ha propuesto líneas generales para su puesta en marcha pero es a cada iglesia particular a quien le corresponde implementarla integrándola, si es necesario, en su plan pastoral propio. El contenido fundamental de esta Misión es llevar la vida plena de Jesucristo a todos los bautizados, allí donde se encuentran, e integrarlos más activamente en la vida y misión de la Iglesia.

El Pregón de la Misión, presentado por la Comisión Episcopal de Misiones, subraya la urgencia de “una proclamación profética y decidida de la Buena Noticia de la salvación que genere conversión y vida coherente con el Evangelio, que renueve la vocación misionera de cada bautizado y aliente su compromiso para transformar la realidad”.[8] Los retos que justifican esta misión ya fueron señalados en el documento sobre la proclamación profética del Evangelio en Venezuela:
Las formas tradicionales de acción pastoral no llegan a los más alejados y la indiferencia religiosa va ganando terreno.
En general no es significativo el impulso misionero de las comunidades parroquiales y de las organizaciones de la Iglesia.
La pastoral está muy centrada en el templo. Se carece de planes orgánicos de pastoral para llevar la buena noticia a los que están lejos.
Persisten modelos de pastoral rural inadecuados para las realidades urbanas donde impera el anonimato y la despersonalización.
La poca utilización que Iglesia hace de los MCS para evangelizar
Hay poca preocupación por el anuncio del Kerigma a los cristianos que se han alejado de la religión católica.[9]
Escasa dimensión misionera de la formación en los seminarios, casas de formación y en las organizaciones diocesanas y grupos apostólicos.
No son pocos los católicos que han sido conquistados por los nuevos grupos religiosos por falta de una sólida formación cristiana, del débil sentido de pertenencia a la Iglesia, del escaso compromiso de no pocos laicos en el cumplimiento de sus deberes religiosos.[10]

2. - PANORAMA DEL PAIS

2.1 - EL PUEBLO QUE NOS HA TOCADO PASTOREAR

“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces…pero no hemos aprendido el arte de vivir juntos como hermanos” (Martín Luther King)


Venezuela forma parte de un mundo sometido a profundas mutaciones. Son cambios de época de alcance global que, con diferencias y matices, afectan la vida de los pueblos. (Cf DA 33-34). Las naciones del mundo se descubren más interdependientes y entre sus habitantes crece la conciencia de que más allá de los límites nacionales y de las identidades histórico-culturales, comparten una casa común que tienen que aprender a respetar, a preservar y en la que necesitan aprender a convivir[11].

Por eso nuestra Nación no queda fuera del impacto de la globalización: de la crisis financiera de los países industrializados, de los efectos del calentamiento global, de la variación de los precios del petróleo, de la búsqueda de alternativas energéticas, de los avances científicos y tecnológicos, -particularmente los que afectan las fuentes de la vida y su transmisión-, de la creación de nuevas redes de comunicación planetaria y de la conformación de nuevos bloques de integración regional.[12]

Como pastores de la Iglesia nos acercamos a estas realidades globales para evaluar su impacto en la vida de nuestro pueblo y para descubrir los signos de los tiempos, por medio de los cuales Dios nos llama a contribuir con su hijo Jesús en la edificación de su Reino. Como ministros y servidores de la Iglesia, queremos ayudar a los miembros del pueblo de Dios a asumir con responsabilidad y conciencia los retos del siglo XXI, a producir frutos de conversión y cumplir con mayor fidelidad y alegría sus respectivas vocaciones.

Es innegable que en estos años se han producido transformaciones importantes en el pueblo venezolano. Hay una mayor conciencia en los sectores populares, campesinos y en las naciones indígenas sobre sus necesidades, sus derechos fundamentales y las formas de organización más adecuadas para formular demandas y presentar proyectos.

Las amplias posibilidades de participación contempladas en la Constitución del 99, particularmente a través de los comicios electorales, ha permitido al pueblo tener más ingerencia en la toma de decisiones importantes para el rumbo del país y fortalecer su vocación democrática. Los sectores populares han tenido un acceso más directo a los beneficios de la renta petrolera a través de políticas sociales distributivas. Estas “Misiones” han favorecido, de alguna manera, la inclusión social y la elevación del poder de consumo mientras hemos tenido abundancia pero no han profesionalizado ni preparado el país para enfrentar la escasez.

2.2 - SITUACIONES ACUCIANTES

Sin lugar a dudas la inseguridad se ha transformado en el problema que más agobia a los venezolanos. Las pandillas de antisociales, los delincuentes armados y organizados se han adueñado de los espacios públicos, segando vidas, enlutando hogares, sembrando el terror y el miedo en los pobladores urbanos y rurales. La democracia no existe si no se garantiza el derecho sagrado a la vida, el derecho a la propiedad y el derecho a transitar libremente por el territorio, sin verse sometido al toque de queda impuesto por el hampa. La indefensión y la frustración colectiva han llevado en algunos casos a los acosados pobladores a hacer justicia por su propia cuenta.

Venezuela ha pasado a ser uno de los países más inseguros y violentos del mundo. En las zonas fronterizas los grupos irregulares, los narcotraficantes, los secuestradores, los sicarios, las bandas armadas se mueven y actúan con toda libertad sin que nadie ponga coto a sus desmanes. La violencia está acabando con la vida y con la paz de la población venezolana y no se percibe que las autoridades nacionales y regionales, las instituciones educativas y sociales, los organismos de inteligencia y de seguridad le estén dando a este grave problema la urgente atención que amerita.

Según informes de organismos de Derechos Humanos la violencia cercena cuatro derechos fundamentales de los venezolanos: el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal, el derecho a la libertad de movimiento y de expresión y el derecho de acceso a la justicia. Hace un año, por ejemplo, fue asesinado al P. Daniel Orellana y aún no se ha incoado el juicio y los familiares han encontrado miles de obstáculos en sus gestiones para exigir justicia. El pueblo venezolano ha demostrado de manera persistente en estos últimos años su deseo de vivir pacíficamente dentro de un Estado Social de Derecho y Justicia. Debemos exigirles a nuestros gobernantes que ejerzan sus funciones y garanticen a los venezolanos el derecho primordial a la vida.

Preocupa también la excesiva dedicación de los gobernantes y líderes políticos, en general, a asegurar mayores cuotas de poder, descuidando la primera de sus funciones que es la de gobernar y resolver los graves problemas concretos que agobian la vida de los venezolanos como son entre otros: la violencia callejera, el desabastecimiento alimenticio, el descalabro de los hospitales, la mala calidad de la educación, la carencia de viviendas. Dejar de lado las necesidades fundamentales de la población para concentrarse en la búsqueda del poder político destruye el pueblo y siembra la anarquía social.

Las personas humanas son más importantes que las estructuras políticas. No se puede construir una democracia plural, inclusiva y respetuosa con insultos, descalificaciones, la siembra del odio y el cultivo de la violencia. Todos los venezolanos merecen respeto. Las autoridades tienen la obligación de crear las condiciones para que los habitantes de esta patria puedan vivir en paz, sin temor a ser descalificados por su forma de pensar.

Por tal motivo, la presidencia de esta Conferencia reprueba los insultos proferidos por el Primer Magistrado contra el Sr. Cardenal Jorge Urosa y otros miembros de la Iglesia. La Constitución nacional les garantiza a todos los ciudadanos y ciudadanas de este país el derecho de emitir libre y respetuosamente sus opiniones sin verse sometidos al escarnio público. Señor Cardenal, desde esta tribuna, en nombre de todos mis hermanos obispos, le manifiesto mi plena solidaridad y apoyo tanto a su persona como a la misión que con tanta dignidad lleva adelante en estos difíciles momentos.

Otro cáncer que pone en jaque la calidad y la salud de la vida democrática es la corrupción. No es un mal ni de hoy ni tampoco solo de Venezuela. Lo arrastramos desde hace décadas. Es un fenómeno conectado con la globalización económica. En nuestra patria ha alcanzado proporciones alarmantes debido, entre otros factores, a los ingentes ingresos producidos por el petróleo, el bajo nivel de consciencia ética de los dirigentes y empresarios, la falta de controles institucionales eficaces y la poca educación de la población para ejercer la contraloría social. Está presente en todas las esferas sociales. No conoce límites políticos ni geográficos. Está vinculada con el tráfico de estupefacientes, el reciclaje de dinero sucio, el comercio ilegal de armas, la compra de votos, el uso discrecional de los fondos del Estado y con diversas formas de criminalidad y de chantaje político. Aquellos que se apropian de los bienes de todos los venezolanos se enriquecen a costa de la pobreza de sus hermanos.

Se trata de un fenómeno que la Iglesia considera como un hecho muy grave.[13] Combatirla exige la voluntad política del gobierno, la convocatoria de todas las voluntades, un mayor compromiso del Poder Moral, el fortalecimiento ético de las instituciones públicas y privadas. Los pastores de la Iglesia, como formadores natos de la consciencia moral de los cristianos, que son mayoría en este país, tenemos el deber de revisar a fondo nuestros programas religiosos y educativos, actualizarlos y emprender una catequesis mucho más incisiva.

Todos los cristianos debemos empeñarnos a fondo en la creación de un clima nacional de convivencia y de solidaridad. La convivencia es posible entre nosotros. Los pedagogos señalan cuatro factores fundamentales para que el ser humano sea capaz de relacionarse bien y de convivir: aprender a pensar relacionalmente, crecer en la asertividad social,[14] desarrollar la inteligencia emocional y educar en valores morales. Para ser eficaz el programa educativo ha de incluir los cuatro elementos juntos. “Si uno de esos pilares falla, todo cae.”[15]

No permitamos que nos dominen las pasiones destructoras. Promovamos la resolución pacífica de los conflictos. Emprendamos programas de rehabilitación e inclusión social de los delincuentes y antisociales. Coloquemos la persona humana y sus derechos en el centro de todas nuestras instituciones, por encima del Estado y por encima de los grandes poderes económicos globalizados. Los derechos humanos son anteriores y superiores a cualquier institución social o ciudadana y no hay argumento político alguno que valga para someter al ser humano y transformarlo en un mero engranaje político o productivo, o en un esclavo del Estado y de sus líderes. Exijamos a nuestros gobernantes respeto para todos y el abandono definitivo en el debate político del recurso a la lucha de clases y a la violencia verbal. [16]

3. - AGENDA DE LA XCI ASAMBLEA ORDINARIA

Además de los tiempos celebrativos y de retiro, propicios para la oración y el discernimiento, esta Asamblea gira en torno a tres asuntos importantes: El primero, la elección de las nuevas autoridades de la CEV para el trienio 2009-2012. Se trata de elegir los cuatro miembros de la presidencia de la CEV, y de conformar las Comisiones Episcopales. El segundo la implementación de la Misión Continental, tema que ya abordamos más arriba. Finalmente la preparación de la “Visita ad Limina” a Roma del Episcopado venezolano. La Visita consta de tres momentos importantes: la peregrinación a las tumbas de los Apóstoles S. Pedro y S. Pablo, el encuentro Oficial del Episcopado y de cada Obispo con el Santo Padre y la presentación al Sumo Pontífice de un Informe llamado quinquenal sobre la situación de cada una de las Iglesias particulares de Venezuela.

Además de estos tres temas mayores, de los asuntos protocolares y de la presentación de Informes por parte de las Comisiones Episcopales, la agenda contempla otros puntos de interés como son: la publicación de una Exhortación Pastoral, la preparación del Congreso Eucarístico Nacional, del Cuarto Congreso Misionero Americano y del III congreso Latinoamericano de Jóvenes. Se proseguirá en el estudio de los Bicentenarios de la Independencia en América Latina, del Diezmo Misionero y de los Itinerarios Catequísticos. Nuestra Asamblea concluirá con una peregrinación del Episcopado a Barquisimeto para el lanzamiento nacional de la Misión Continental, acto que tendrá lugar en la misa de la Divina Pastora.

Al término de nuestra gestión trienal, quiero agradecer en nombre de mis hermanos de la Presidencia, la confianza que depositaron en nosotros y el apoyo solidario que nos brindaron en todo momento. Esperamos haber contribuido en el crecimiento en comunión de nuestras Iglesias particulares, en la consolidación de nuestra Conferencia Episcopal y en el bien de nuestra Patria. En el camino aprendimos a conocernos mejor, a respetarnos, a trabajar juntos y a aceptarnos con nuestras virtudes y defectos. Sabemos que todo no lo hemos hecho bien y pedimos perdón por las fallas cometidas.

En nombre de mis hermanos de la Presidencia y de todas las Comisiones Episcopales agradezco la fructífera labor cumplida por cada uno de los Departamentos del SPEV, por el personal secretarial y por la Gerencia y el personal de la Casa Monseñor Ibarra. Particularizo esta gratitud en la persona del P. Aldo Fonti, subsecretario general de nuestra Conferencia y que retorna a su diócesis, Rimini, en Italia, para atender el llamado de su Obispo, Don Francesco Lambiasi. Te agradecemos de corazón, Padre Aldo, tu valioso servicio ministerial durante treinta y un años en Venezuela así como tu eficiente colaboración tanto en la Pastoral Familiar Nacional como en la Subsecretaría general de la CEV. Que el Señor te premie con creces tu entrega y haga fecundo tu ministerio en tu tierra natal.

Pongo esta Asamblea bajo el patrocinio de nuestra Madre la Virgen, bajo las advocaciones de Nuestra Señora de Belén, patrona de Aragua y de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, patrona del Zulia, en el marco de la celebración del tricentenario de sus respectivas manifestaciones milagrosas. Encomendando nuestras labores a los siervos de Dios Dr. José Gregorio Hernández y Mons. Arturo Celestino Álvarez e invocando sobre nuestras sesiones de trabajo, la luz y la sabiduría del Espíritu Santo, declaro inaugurada esta Nonagésima Primera Asamblea Ordinaria de nuestra Conferencia Episcopal. Muchas gracias.


Caracas 7 de enero de 2009




+ Ubaldo R. Santana Sequera
Arzobispo de Maracaibo
Presidente de la CEV

jueves, 31 de julio de 2008

Encuentro Provincial de Comunicadores Católicos.

Encuentro Provincial de Comunicadores Católicos.
Dom, 07/27/2008 - 11:15

OCLACC.- El 19 y 20 de julio pasado se llevó a cabo en la Diócesis de Ciudad Guayana, Venezuela, el Primer Encuentro Provincial de Comunicadores Católicos, en el que se abordó el tema del "Magisterio de la Iglesia en los documentos de las Conferencias Latinoamericanas y El Caribe, con énfasis en el Documento de Aparecida.

El encuentro fue dirigido por el P. José Gregorio Salazar, representante de la Conferencia Episcopal de Venezuela. Asistieron comunicadoras y comunicadores de 6 de las 10 Diócesis de las Provincias de Ciudad Bolívar y Cumaná.
Como insumo para la reflexión de los comunicadores católicos se analizó el documento del Concilio Plenario de Venezuela, Nº 14, apartado 10.3, que se refiere al desafío de la Iglesia en Venezuela, en el campo de la pastoral de la comunicación social.
En la ponencia, el P. Salazar resaltó la preocupación central que los obispos latinoamericanos hacen sobre la realidad que vive el hombre de esta época, lo cual se recoge en los documentos conclusivos de las Conferencias Generales del Episcopado de Latinoamérica y el Caribe.
Tomando en cuenta el avance de la tecnología para las comunicaciones y el uso que de ellas estamos llamados a realizar los comunicadores católicos, es posible constatar que estamos dando cumplimiento al llamado de Cristo de : "Id y proclamad a todos la Buena Nueva", señala el P. Salazar.
Así también destacó que la Iglesia emprende una renovación desde el Concilio Vaticano II, y el espíritu misionero se renueva también a partir del Decreto Ad Gentes, que profundiza la reflexión en torno a la Evangelización y conversión, que involucra a los medios de comunicación y la acción de difusión.
En su exposición recordó la preocupación que da la Iglesia latinoamericana a la comunicación, desde la conferencia de Medellín, hasta la reciente de Aparecida, en que se reconoce que "En nuestro siglo tan influenciado por los medios de comunicación social, el primer anuncio, la catequesis o el ulterior ahondamiento de la fe, no pueden prescindir de esos medios". DA 485.
Al término del Encuentro, los participantes asumiendo el desafío de anunciar a Cristo, que es la noticia, así como promover la dignidad de la persona humana, asumiendo una postura valiente para anunciar y denunciar.
Así también se comprometieron a promover una auténtica política comunicacional y promover la "Libertad de Expresión" como derecho humano teniendo presente que se debe trabajar por el bien común, predicar el Evangelio a tiempo y a destiempo; pregonar a Cristo y no doctrinas diferentes: "Cristo, es la luz, que debe alumbrar", y fomentando la unión con otras instituciones.


Fuente: Pbro. José Gregorio Salazar Monroy


sábado, 19 de julio de 2008

Primer Encuentro Provincial de Comunicadores Católicos

Hoy en Ciudad Guayana se realizó el Primer encuentro de Comunicadores Católicos de las Provincias de Oriente -Ciudad Bolívar y Cumaná-, con la participación de comunicadores católicos de Barcelona, Amazonas, Tucupita, Ciudad Bolívar, y Ciudad Guayana; en total nos dimos cita 17 comunicadores, los cuales disertamos sobre la importancia de los Medios de Comunicación en los documentos de Episcopales Latino-americanos y del Caribe. Concluimos con la reflexión de los desafíos de Nuestro Concilio Plenario Venezolano.

Contamos con Las Ponencias del P. Jose Gregorio Salazar Monroy, quien es subsecretario adjunto de la Conferencia Episcopal Venezolana y Director del Departamento de Pastoral Vocacional a Nivel Nacional. Y quien además es responsable del apoyo de los Medios de Comunicación Católicos de Oriente.


En un clima fraterno de diálogo los participantes socializamos e intercambiamos experiencias. Además se dieron importantes aportes y futuras alianzas entre los comunicadores. Fue una rica experiencia...

lunes, 14 de julio de 2008

A los cuarenta años de Medellín. Mensaje.



Los cuarenta años de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Medellín

Mensaje de la Conferencia Episcopal Venezolana


Introducción

1. Del 26 de agosto hasta el 7 de septiembre de 1968 tuvo lugar en la ciudad de Medellín (Colombia) la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Días antes, el 24 de agosto, Pablo VI, primer Papa que visitaba América Latina, desde la Catedral de Santafé de Bogotá, en el marco de la celebración del 39º Congreso Eucarístico Internacional, dirigió un saludo anticipado a las delegaciones de obispos presentes para la magna asamblea. En este año 2008 se cumplen, pues, cuarenta años de este acontecimiento tan significativo para la vida de la Iglesia en nuestra región. Por eso los Arzobispos y Obispos de Venezuela, en unión con los demás miembros del pueblo de Dios, al recordar estas importantes efemérides, se unen al gozo que experimenta la Iglesia en América Latina, que camina, impulsada por el Espíritu, en la fe en Jesucristo, como signo e instrumento de salvación para los habitantes de este “continente de la esperanza”.

A la luz del Concilio Vaticano II y de la realidad latinoamericana

2. La decisión de celebrar una II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano se fraguó al calor del Concilio Vaticano II. En las postrimerías del Concilio, en 1965, tuvieron lugar en Roma encuentros entre los obispos latinoamericanos para acordar y pedir al Papa la celebración de dicha conferencia, que permitiera la adaptación del Concilio a la realidad de nuestra Iglesia en América Latina. Así, pues, Medellín nació, se preparó y realizó como fruto de una coincidencia histórica de dos hechos significativos: Primero, el impacto histórico, renovador, del Concilio Vaticano II que acababa de clausurarse el 7 de diciembre de 1965; segundo, los comienzos del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, que había sido creado en 1955 en Río de Janeiro (Brasil), en el marco de la primera Conferencia General y que ayudó a moldear, incluso antes del Vaticano II, la fisonomía de una identidad eclesial latinoamericana como misterio de comunión al servicio del pueblo de Dios. Estos dos hechos constituyeron el fértil terreno que hizo madurar el fruto de Medellín.

3. Es preciso recordar que el Concilio fue el principio inspirador e iluminador de esta Conferencia, con miras sobre todo a su aplicación en nuestro continente; el enunciado del tema, acogido después como título de los documentos resultantes, lo expresa claramente: La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio Vaticano II. La fuerza y la novedad la suministraba, en amplia medida, el Concilio, especialmente a través de la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, Gaudium et spes, de la Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium, así como los otros documentos del mismo Concilio. Y, con la creación del CELAM, aunque todavía se encontrara en una etapa inicial, se contaba ya con una caja de resonancia y un motor al servicio de pueblos unidos por la Iglesia, con la viva conciencia de su responsabilidad histórica en el anuncio profético del Evangelio.

4. Un tercer elemento, no menos importante, que va a determinar la convocatoria, preparación, desarrollo y conclusiones de la II Conferencia lo constituye la situación social, política y económica de los pueblos de América Latina en ese entonces. La miseria y la marginación de grandes masas se consideraba fruto de las injusticias y desigualdades, y producía serios interrogantes a la acción pastoral de la Iglesia y demandaba respuestas decisivas. Muchos de los gobiernos del continente eran dictaduras o sistemas autoritarios, y cundía el militarismo. A la par que varias naciones sufrían el impacto y el desgaste de guerrillas de signo ideológico marxista, alentados por la experiencia de la revolución cubana. Por otra parte, en el seno mismo de la Iglesia, particularmente en América Latina, había sido considerable el impacto de la encíclica del Papa Pablo VI, Populorum progressio, de tanta apertura social, que condenaba severamente tanto al marxismo como al capitalismo y sus concepciones acerca del hombre y del desarrollo, y que propugnaba el concepto de desarrollo integral, fundado en una concepción del hombre basada en una antropología coherente y con mucha solidez teórica y doctrinal, muy diversa de la pobreza conceptual que deriva de las ideologías; esto daba consistencia a la doctrina social de la Iglesia que tanta relevancia había adquirido en esos años.

Preparación y desarrollo

5. Una vez convocada por el Papa la II Conferencia, la directiva del CELAM se dedicó a la preparación de la asamblea con la colaboración activa de un equipo multidisciplinar. Se elaboró un documento base. Éste fue enviado a todas las Conferencias Episcopales para recoger sus reacciones, que fueron muy variadas, y posteriormente se hizo una nueva redacción. En dicho documento, tras la introducción general, se presentaba la realidad latinoamericana en sus diversas facetas, complementada por anexos de corte estadístico que sustentaban la visión; se esbozaba luego una reflexión teológica en la que aparecían ya grandes temas abordados posteriormente en la Conferencia (Reino de Dios como horizonte último, la liberación en su comprensión amplia y teológica) y se apuntaban las líneas pastorales que serían enriquecidas en Medellín mismo.

6. Finalmente, durante casi dos semanas, los obispos asistentes a la asamblea deliberaron con la ayuda de expertos. La metodología seguida en Medellín fue de gran importancia. Se abría un nuevo esquema mental basado en el -al mismo tiempo clásico- ver, juzgar y actuar. Se comenzó con la reflexión sobre los signos de los tiempos en América Latina, para pasar enseguida a una lectura teológica de los mismos y a sus consecuencias pastorales: la Iglesia que mira hacia el mundo, la Iglesia en su misión evangelizadora y la Iglesia en su propias estructuras. Para la discusión se presentaron siete ponencias. Al final se aprobaron dieciséis documentos agrupados en tres áreas: la promoción humana (justicia, paz, familia y demografía, educación, juventud), la evangelización y el crecimiento en la fe (pastoral de las masas, pastoral de élites, catequesis, liturgia) y la Iglesia visible y sus estructuras (laicos, sacerdotes, religiosos, formación del clero, pobreza de la Iglesia, pastoral de conjunto, colegialidad, medios de comunicación social).

Ideas fundamentales de Medellín

7. Las ideas fundamentales que durante la preparación, discusión y en las conclusiones, aparecen como características de Medellín, son las siguientes:

· La vocación del hombre a su desarrollo integral: Cada hombre es portador de una “semilla divina” que ha sido plantada en él desde el comienzo. Debe desarrollarla hasta la plenitud final en el encuentro definitivo con el Señor de la gloria. Esto exige del creyente una fidelidad personal a la llamada divina. Pero exige también la creación de ciertas condiciones de vida –sociales, económicas y políticas- que hagan posible al hombre su desarrollo integral, participando activamente en los bienes de la civilización y de la cultura, pasando de condiciones menos humanas a condiciones más humanas. En Medellín la Iglesia latinoamericana centró su atención en el hombre de un continente, que vive un momento decisivo de su proceso histórico, lleno de opresiones, injusticias y marginación. La Iglesia ha buscado comprender este momento histórico a la luz de la palabra, que es Cristo, en quien se manifiesta el misterio del hombre.

· La idea de una salvación integral que abarca la totalidad del hombre y del mundo: Esta salvación –que la Iglesia ofrece como signo e instrumento- exige la liberación total del hombre de la servidumbre del pecado y sus consecuencias (ignorancia, opresión, miseria, hambre y muerte) y la incorporación de la vida nueva por la gracia, principio y germen de eternidad. La Iglesia en América Latina mira al hombre concreto, pequeño y frágil, pobre y oprimido, pero rico en posibilidades y esperanzas, y le entrega la totalidad vital del mensaje de salvación: le anuncia el evangelio del Reino, lo congrega en la unidad de la Eucaristía, lo hace partícipe de los frutos del Espíritu.

· La Iglesia se manifiesta como sacramento de unidad y al servicio del pueblo de Dios: Ella expresa y realiza en el tiempo la comunión del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Lleva a los hombres a la unión íntima con Dios por la Palabra y el Sacramento. Asume las aspiraciones de los hombres a la unidad y los congrega en el único Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Para hacer esto una realidad más tangible se requiere de una profunda renovación de las estructuras eclesiales. En esta línea, Medellín propone asumir las comunidades cristianas de base como “el primero y fundamental núcleo eclesial”, que permita el trato personalizado y fraterno de sus miembros, y exhorta a una renovación de la pastoral que abarque las estructuras diocesanas, la parroquia y demás instancias eclesiales a partir de una visión de conjunto y de una planificación, que incida en la praxis y eficacia de la acción evangelizadora de la Iglesia.

Herencia y vigencia de Medellín

8. La II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano constituye un hito fundamental en la historia y en la pastoral de la Iglesia en nuestra región. Los obispos se propusieron encaminar a la Iglesia hacia la búsqueda de una nueva y más intensa presencia en la actual transformación de América Latina, a la luz del Concilio Vaticano II. De allí surgió un compromiso de renovación profunda y la necesidad de una mayor presencia y diálogo con el mundo. A la luz del Evangelio, del Concilio Vaticano II y del magisterio pontificio, la Iglesia escrutó e interpretó “los signos de los tiempos” en América Latina. Asumió así su misión salvadora en orden a la promoción integral del hombre latinoamericano. Analizó sus formas de evangelización y decidió revisar sus estructuras visibles y promover una pastoral coordinada.

9. Medellín dio impulso al concepto y la vivencia de la colegialidad episcopal en América Latina, comenzada trece años antes en Río de Janeiro. En este sentido, la Iglesia latinoamericana, digna heredera del espíritu del Concilio Plenario de Roma, realizado en las postrimerías del siglo XIX, fue pionera en la recuperación de esta dimensión teológica del episcopado, puesta de manifiesto expresamente en la Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II. Las siguientes Conferencias (Puebla 1979, Santo Domingo 1993 y Aparecida 2007) continuarán las sendas de renovación pastoral de la Iglesia latinoamericana y su compromiso con la promoción integral del hombre trazadas en la II Conferencia. Medellín hizo posible que la Iglesia en América Latina tuviera un mayor reconocimiento, particularmente desde Europa, en cuanto a su propia identidad.

10. Medellín llamó la atención sobre la pobreza injusta como uno de los hechos más resaltantes de la realidad latinoamericana: “Muchos tienen poco y pocos tienen mucho” (Papa Pablo VI). Hizo una lectura teológica de esta realidad y afirmó que la miseria es una injusticia que clama al cielo, por lo tanto, es pecado, y la liberación de la pobreza es salvación. La lucha contra la injusticia social por parte de los cristianos pertenece a la esencia de la fe. La indiferencia y la explotación son, por el contrario, incompatibles con la fe en Jesucristo. Medellín puso las bases de la opción preferencial por los pobres, realizada por la Iglesia latinoamericana en la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla (1979) y significó un estímulo a la llamada “teología de la liberación”. Se dio así inicio a un proceso renovador que produjo grandes tensiones al interior de la Iglesia en América Latina, no exento de interpretaciones ideológicas y radicales, de retrocesos y repliegues, y también de necesarias clarificaciones por parte del magisterio, pero, al mismo tiempo, con frutos bastantes positivos en el campo de la acción social y del compromiso de los cristianos con la transformación y la construcción de una sociedad más justa y solidaria.

11. Aunque destaca la importancia del ministerio ordenado (obispos, presbíteros, diáconos) como servicio indispensable en la Iglesia y la del laicado organizado, Medellín propuso constituir a la ‘comunidad de base’ en la célula fundamental de la Iglesia, con ello pretendió fomentar la participación amplia de los fieles en la tarea evangelizadora de la Iglesia y en la promoción humana, en un ambiente de acogida fraterna, con un mayor sentido de pertenencia e identidad como miembros del pueblo de Dios, con pastores (obispos y sacerdotes) más cercanos. En este sentido las estructuras eclesiales (diócesis, parroquias) y los movimientos y grupos apostólicos, en el marco de una pastoral planificada y coordinada (pastoral de conjunto), debían ordenarse a la creación y sostenimiento de las comunidades de base. Y aunque los logros alcanzados están muy lejos de lo deseado, ciertamente esta decisión de Medellín produjo un vuelco total en el estilo de la pastoral tradicional. Después de cuarenta años, las comunidades de base y la pastoral de conjunto continúan siendo uno de los mayores retos que se presentan a la misión pastoral de nuestras iglesias en América Latina.

12. Medellín produjo una gran renovación en el ámbito de la educación católica en América Latina, en su concepción y praxis, al afirmar que la educación es el medio clave para liberar a los pueblos de toda servidumbre; introdujo el concepto de ‘educación liberadora’, que convierte al educando en sujeto de su propio desarrollo; de aquí surgió un mayor compromiso de la Iglesia y de los educadores católicos con la educación de los más pobres. Con referencia a la juventud, al constatar que los jóvenes son mayoría en el continente latinoamericano, y constituyen una fuerza renovadora y llena de esperanza para el mundo y para la Iglesia, Medellín insta a una profunda transformación de la pastoral juvenil, que ciertamente se produjo y preparó el camino a la opción preferencial de Puebla por los jóvenes, que tantos frutos ha dado en este ámbito. Y, en cuanto a la catequesis, Medellín consideró necesaria una profunda renovación de la catequesis, a fin de educar eficazmente la fe de los niños, de los jóvenes y de los adultos, en todos los ambientes; con su afirmación de su ‘carácter dinámico evolutivo’ estimuló la concepción de la catequesis como un proceso progresivo que implica etapas y en el que debe participar -junto al catequista- la familia y la comunidad; esta visión, ciertamente, aportó cambios positivos que sentaron bases sólidas que prepararon el camino emprendido en la actualidad.

Medellín y Venezuela

13. En Venezuela, la acogida de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano fue desigual. En algunos sectores se hizo una interpretación radical de los documentos. Hubo tensiones. Esto impidió en parte percibir el esfuerzo de aquellos que, desde la fe, intentaban llevar a la práctica las conclusiones de los obispos latinoamericanos. Sin embargo, en algunas áreas pastorales se realizó, con relativo éxito, un gran esfuerzo de renovación, especialmente en la catequesis, la educación, la pastoral social y la pastoral juvenil.

14. La conmemoración de los cuarenta años de la Conferencia de Medellín encuentra a nuestra Iglesia en Venezuela actualmente empeñada en la tarea de aplicar las orientaciones y normas del Concilio Plenario, reafirmando así “la voluntad de la Iglesia de construir el Reino de Dios en Venezuela, fomentando el compromiso de renovación espiritual, personal y comunitaria, siguiendo la dinámica de la Nueva Evangelización, alentando la proclamación profética del Evangelio y ofreciendo nuestro aporte eclesial a la gestación de una nueva sociedad” (Mensaje final, n. 5). Es otro el contexto, otras las circunstancias, pero es el mismo ímpetu, los mismos anhelos, similares objetivos y retos. Así, pues, Medellín marcó el sendero, continuado en Puebla, Santo Domingo y Aparecida; su inspiración sigue vigente, al igual que sus contenidos y sus desafíos. Por eso, para celebrar este aniversario sería importante que las diversas instancias eclesiales realizaran actividades que permitieran conocer y estudiar los documentos de Medellín.

Invocación final

15. El Espíritu Santo, que animó el trabajo de la asamblea de obispos latinoamericanos en Medellín, inspire nuestra acción pastoral en el aquí y ahora de América Latina, y particularmente de Venezuela. Y que Nuestra Señora de Guadalupe, patrona del continente, nos ayude con su intercesión a ser auténticos discípulos del Señor y entusiastas misioneros de su Evangelio.


Caracas, 12 de julio de 2008.

Con nuestro afecto y bendición:

Los Arzobispos y Obispos de Venezuela

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