jueves, 8 de enero de 2009

Apertura de la 91 Asamblea Episcopal Venezolana.

DISCURSO DE APERTURA
DE LA XCI ASAMBLEA ORDINARIA DE LA CEV
PRONUNCIADO POR MONS. UBALDO SANTANA SEQUERA
ARZOBISPO DE MARACAIBO Y PRESIDENTE DE
LA CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA










Su Eminencia, Sr. Cardenal Jorge Urosa Savino
Excmo., Mons. Giacinto Berloco, Nuncio Apostólico de Su Santidad Benedicto XVI en Venezuela,
Hermanos arzobispos, obispos, administradores diocesanos y obispo electo
P. Jesús Orbegozo y demás miembros de la Junta Directiva de CONVER
Ing. Mario González y demás miembros de la Junta Directiva del CNL
Sor Nubia Marín y demás miembros de la Junta directiva de AVEC
Directores y Directoras de los Departamentos del SPEV
Invitados especiales
Representantes de los Medios de Comunicación Social


I. SALUTACIONES

1.-Al iniciar la nonagésima primera Asamblea Ordinaria de nuestra Conferencia Episcopal, les transmito a todos los presentes un saludo impregnado de la gracia de la Navidad y de la esperanza que trae un nuevo año de paz, sobretodo para el nuevo conflicto que ha estallado en el Medio Oriente. Auguramos una pronta resolución pacífica y estable. Agradecemos la presencia de las juntas directivas de CONVER, CNL y AVEC y de los demás invitados especiales. Estamos seguros que sus aportes contribuirán al mejor desenvolvimiento de nuestros trabajos.

2.- Reciba, Señor Nuncio, un saludo especial de todo nuestro cuerpo episcopal. A través de su persona le manifestamos al Santo Padre Benedicto XVI nuestra plena adhesión tanto a su misión como a su magisterio, así como nuestra gran alegría por el próximo y primer encuentro que nuestro episcopado tendrá, Dios mediante, con él en la próxima “visita ad limina,” la primera también de este milenio. En este contexto en el que nos formulamos votos y deseos, le manifestamos a su Excelencia, nuestra plena solidaridad colegial así como nuestra cercanía espiritual en las gestiones que realiza para encontrar una salida justa y humanitaria al caso del Sr. Nixon Moreno.

3.-Ateniéndome a los Estatutos, presentaré a continuación un panorama de la Iglesia y del país y la agenda de trabajo de esta asamblea ordinaria.



1. PANORAMA ECLESIAL

1.1- ACONTECIMIENTOS ECLESIALES

Una mirada retrospectiva sobre el año que acaba de concluir, nos lleva a dar gracias al Dios de Nuestro Señor Jesucristo por los abundantes y variados signos de su presencia en la Iglesia universal, en nuestro continente, en nuestra conferencia episcopal y en nuestras iglesias particulares. Acogimos llenos de esperanza las dos importantes iniciativas propuestas por el Santo Padre Benedicto XVI: la inauguración del Año Paulino y la XII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios en el ser y la misión de la Iglesia. También es importante reseñar la recepción de la Instrucción “Dignidad de la persona” de la Congregación de la Doctrina de la Fe sobre algunas cuestiones de bioética, del pasado 8 de septiembre.

En nuestro continente el acontecimiento de mayor relieve fue sin duda el lanzamiento de la Misión Continental, acto que tuvo lugar en Quito el pasado 17 de agosto en la clausura del Tercer Congreso Americano Misionero. La celebración revistió particular trascendencia para Venezuela, entre otros motivos, porque allí se anunció la elección de Maracaibo como sede en el 2012 del Cuarto Congreso Americano Misionero.

En el ámbito nacional, la celebración de mayor impacto fue sin duda alguna la espléndida beatificación de la Madre Candelaria de San José, en el marco de una multitudinaria eucaristía presidida por el Cardenal Saraiva Martins, prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos. Es la primera celebración de este tipo que se realiza en el país y la considero, en muchos aspectos, la mejor concreción de la renovación litúrgica que el Concilio Plenario desea ver presente en nuestras celebraciones dominicales y festivas. Por ser la beata de origen llanero, la diócesis de Valle de la Pascua también organizó con gran éxito una Eucaristía de acción de gracia en Altagracia de Orituco, su pueblo natal.

Otros acontecimientos referidos al Episcopado patrio dignos de reseñar, fueron la ordenación episcopal de Mons. Jesús González de Zarate como obispo auxiliar de Caracas, la designación de Mons. Rafael Conde como V Obispo de Maracay, el nombramiento de Mons. Antonio López como nuevo arzobispo de Barquisimeto, la elección de Mons. Manuel Díaz Sánchez como nuevo arzobispo de Calabozo y la elección de Mons. Jorge Aníbal Quintero, sacerdote del presbiterio de San Cristóbal, para ocupar la sede de la diócesis de Margarita. Bienvenido Mons. Quintero a nuestro colegio episcopal y a este organismo nacional.

En el 2008 varios hermanos obispos celebraron fiestas de gran significación personal y eclesial. Mons. Antonio José Ramírez Salavarría, obispo emérito de Maturín y decano de nuestro episcopado, celebró 50 años de vida episcopal. Mons. Ovidio Pérez Morales, arzobispo-obispo emérito de Los Teques, celebró sus bodas de oro sacerdotales. Mons. Baltazar Porras Cardoso, Arzobispo de Mérida y Mons. Cesar Ortega Herrera obispo de Barcelona, festejaron, por su parte, 25 años de servicio episcopal.

En el transcurso del año falleció Mons. Miguel Delgado Ávila, obispo emérito de Barcelona y ex-Secretario General de la CEV. Fue un obispo ejemplar, de gran corazón, de luminosa inteligencia y marcado espíritu fraterno. Que Dios Padre lo colme de gozo y de gloria en su presencia. También encomendamos al Señor el alma del sacerdote Daniel Orellana, quien fue encontrado muerto hace exactamente un año. Manifestamos a su familia nuestra cercanía espiritual.

1.2- INTENSA ACTIVIDAD DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL

En el año que acaba de concluir nuestra Conferencia episcopal desarrolló una intensa actividad. Sostuvimos dos asambleas ordinarias y dos extraordinarias. Se produjeron 12 documentos de distinta índole: exhortaciones, declaraciones, mensajes, comunicados. Entre ellos huelga destacar los siguientes: en enero la exhortación “Caminos de reconciliación y esperanza”. En abril un mensaje sobre el Año paulino: “San Pablo servidor de JC y predicador del evangelio” y una Declaración sobre “La actualidad educativa del país”. En julio la Exhortación “Unidos en la justicia y la rectitud”; el Documento “Renovemos la mente y el corazón” sobre espiritualidad y un mensaje con motivo de los 40 años de la Conferencia General de Medellín. Finalmente en octubre la Exhortación “Por la vida y la Democracia”.

La presidencia de la Conferencia, por su parte, sostuvo 15 reuniones de trabajo, realizó una visita oficial a la Santa Sede, emitió 6 comunicados para orientar en el discernimiento cristiano de acontecimientos relevantes de la vida del país. Las reuniones periódicas sostenidas con las directivas de la Confederación Venezolana de Religiosos y Religiosas (CONVER) y del Consejo Nacional de Laicos (CNL), así como las múltiples asesorías y consultorías que recibimos de personalidades calificadas en distintas materias ampliaron nuestros horizontes y nos ayudaron a darle mayor fundamento a nuestros trabajos. A todos les expresamos nuestra gratitud por su disponibilidad y espíritu de cooperación.

La CEV es una institución pequeña y joven, acaba de cumplir apenas 40 años, que poco a poco va creciendo y fortaleciéndose (Cf. Lc 2,40). En el seno de nuestro organismo nos regimos por la consigna agustiniana: en lo verdadero unidad, en lo opinable libertad, en todo caridad. Hemos procurado ser un organismo colegial cohesionado, activo y presente en la hora histórica de nuestra Iglesia, del mundo y de nuestro país.

En nuestras actuaciones y en nuestros pronunciamientos nos hemos propuesto mantenernos fieles a nuestra misión evangelizadora., concientes de que no somos actores políticos sino pastores de todo el pueblo de Dios. Con el Santo Padre estamos convencidos de que “si la Iglesia comenzara a transformarse directamente en sujeto político, no haría más por los pobres y por la justicia, sino que haría menos, porque perdería su independencia y su autoridad moral, identificándose con una única vía política y con posiciones parciales opinables. La Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres, precisamente al no identificarse con los políticos ni con los intereses de partido”[1]

Las 26 exhortaciones pastorales que han salido de nuestras Asambleas ordinarias y extraordinarias en esta última década son suficientemente reveladoras del propósito fundamental que ha orientado el servicio pastoral de la Conferencia Episcopal[2].
Hemos anunciado a Jesucristo como camino, verdad y vida.
Hemos invitado a los venezolanos a encontrarse con él para tener vida en abundancia.
Hemos tratado de ser voz de los que no tienen voz y de proclamar los derechos fundamentales de los desposeídos.
Hemos promovido la democracia al defender el derecho a la vida, al luchar por la erradicación de la pobreza y al trabajar por una sociedad más justa.
Hemos declarado la necesidad de recuperar la confianza en el voto universal y secreto como herramienta primordial de participación soberana de los ciudadanos.
Hemos promovido desde nuestra propia sede en Montalbán, Caracas, el diálogo, la inclusión, la pluralidad, el respeto a la disidencia y la justicia social desde los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.
Hemos abogado por la reconciliación, el perdón, la convivencia como rutas indispensables para construir la paz en la justicia y la libertad.

Cuando hemos hecho denuncias sobre situaciones alarmantes[3], lo hemos hecho como pastores de un pueblo que desean contribuir, desde su misión religiosa y desde un enfoque ético-moral, en la corrección de los abusos y desvíos para mejorar la calidad de nuestra vida democrática.

¿Hemos logrado nuestro cometido? ¿Es así como efectivamente se nos ha percibido? No nos toca a nosotros responder esa pregunta. Hay que reconocer que mantener esta postura no ha sido fácil. El clima de crispante polarización, de radicalidad política y de confrontación permanente hizo muy ardua nuestra tarea. Nos hemos esforzado por encontrar siempre el lenguaje adecuado para dirigirnos a todos los católicos independientemente de sus posiciones políticas y desmarcarnos de los bandos en pugna. Nos tocó caminar a menudo entre dos posiciones: los que deseaban que bendijéramos sin más la política oficial y los que aspiraban transformarnos en sus portavoces y correas de transmisión.

1.3 - UNA IGLESIA EN CAMINO DE CONCILIO Y EN ESTADO DE MISION

La Iglesia en Venezuela se encuentra en proceso de renovación y en estado de misión. Con el Concilio Plenario de Venezuela nuestras Iglesias particulares se han dado un macro proyecto de evangelización para el inicio del Tercer Milenio. Nuestra gran tarea no es otra que la de asumir y aplicar las líneas pastorales contenidas en los 16 documentos que aprobamos en las 6 sesiones conciliares (2000-2005).

El mejor contexto para asumirlos son los planes de renovación pastoral de cada una de nuestras iglesias. Si somos fieles a los documentos aprobados y asumimos sus orientaciones en nuestros proyectos propios, el conjunto de nuestras iglesias locales caminarán en una comunión mucho más estrecha. Para facilitar la puesta en marcha del Concilio, la Conferencia aprobó la creación de una Comisión de Aplicación, presidida por Mons. Ovidio Pérez Morales. A esta Comisión se le debe, entre otras iniciativas, la publicación de comentarios y estudios de los diversos documentos conciliares.[4]

Las conclusiones de Aparecida coinciden ampliamente con las del Concilio. Tanto su tema central: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en él tengan vida”, como sus líneas pastorales, confirman y ratifican el acertado programa evangelizador del Concilio[5]. Por tal motivo en la Conferencia Episcopal consideramos que lo mejor era integrar las Líneas Pastorales de Aparecida dentro de las Orientaciones del Concilio Plenario.

El Año Paulino nos ofrece una estupenda oportunidad para asumir, desde el talante misionero del Apóstol de los gentiles, las conclusiones misioneras del Concilio Plenario, particularmente las líneas de acción relativas a la Pastoral bíblica. [6],[7]

1.4 - LA MISION CONTINENTAL

La Misión Continental fue un proyecto que se vino gestando desde la fase preparatoria de Aparecida, fue acogido con interés por el Santo Padre y finalmente aprobado los Obispos del Continente en Aparecida. La Conferencia ha propuesto líneas generales para su puesta en marcha pero es a cada iglesia particular a quien le corresponde implementarla integrándola, si es necesario, en su plan pastoral propio. El contenido fundamental de esta Misión es llevar la vida plena de Jesucristo a todos los bautizados, allí donde se encuentran, e integrarlos más activamente en la vida y misión de la Iglesia.

El Pregón de la Misión, presentado por la Comisión Episcopal de Misiones, subraya la urgencia de “una proclamación profética y decidida de la Buena Noticia de la salvación que genere conversión y vida coherente con el Evangelio, que renueve la vocación misionera de cada bautizado y aliente su compromiso para transformar la realidad”.[8] Los retos que justifican esta misión ya fueron señalados en el documento sobre la proclamación profética del Evangelio en Venezuela:
Las formas tradicionales de acción pastoral no llegan a los más alejados y la indiferencia religiosa va ganando terreno.
En general no es significativo el impulso misionero de las comunidades parroquiales y de las organizaciones de la Iglesia.
La pastoral está muy centrada en el templo. Se carece de planes orgánicos de pastoral para llevar la buena noticia a los que están lejos.
Persisten modelos de pastoral rural inadecuados para las realidades urbanas donde impera el anonimato y la despersonalización.
La poca utilización que Iglesia hace de los MCS para evangelizar
Hay poca preocupación por el anuncio del Kerigma a los cristianos que se han alejado de la religión católica.[9]
Escasa dimensión misionera de la formación en los seminarios, casas de formación y en las organizaciones diocesanas y grupos apostólicos.
No son pocos los católicos que han sido conquistados por los nuevos grupos religiosos por falta de una sólida formación cristiana, del débil sentido de pertenencia a la Iglesia, del escaso compromiso de no pocos laicos en el cumplimiento de sus deberes religiosos.[10]

2. - PANORAMA DEL PAIS

2.1 - EL PUEBLO QUE NOS HA TOCADO PASTOREAR

“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces…pero no hemos aprendido el arte de vivir juntos como hermanos” (Martín Luther King)


Venezuela forma parte de un mundo sometido a profundas mutaciones. Son cambios de época de alcance global que, con diferencias y matices, afectan la vida de los pueblos. (Cf DA 33-34). Las naciones del mundo se descubren más interdependientes y entre sus habitantes crece la conciencia de que más allá de los límites nacionales y de las identidades histórico-culturales, comparten una casa común que tienen que aprender a respetar, a preservar y en la que necesitan aprender a convivir[11].

Por eso nuestra Nación no queda fuera del impacto de la globalización: de la crisis financiera de los países industrializados, de los efectos del calentamiento global, de la variación de los precios del petróleo, de la búsqueda de alternativas energéticas, de los avances científicos y tecnológicos, -particularmente los que afectan las fuentes de la vida y su transmisión-, de la creación de nuevas redes de comunicación planetaria y de la conformación de nuevos bloques de integración regional.[12]

Como pastores de la Iglesia nos acercamos a estas realidades globales para evaluar su impacto en la vida de nuestro pueblo y para descubrir los signos de los tiempos, por medio de los cuales Dios nos llama a contribuir con su hijo Jesús en la edificación de su Reino. Como ministros y servidores de la Iglesia, queremos ayudar a los miembros del pueblo de Dios a asumir con responsabilidad y conciencia los retos del siglo XXI, a producir frutos de conversión y cumplir con mayor fidelidad y alegría sus respectivas vocaciones.

Es innegable que en estos años se han producido transformaciones importantes en el pueblo venezolano. Hay una mayor conciencia en los sectores populares, campesinos y en las naciones indígenas sobre sus necesidades, sus derechos fundamentales y las formas de organización más adecuadas para formular demandas y presentar proyectos.

Las amplias posibilidades de participación contempladas en la Constitución del 99, particularmente a través de los comicios electorales, ha permitido al pueblo tener más ingerencia en la toma de decisiones importantes para el rumbo del país y fortalecer su vocación democrática. Los sectores populares han tenido un acceso más directo a los beneficios de la renta petrolera a través de políticas sociales distributivas. Estas “Misiones” han favorecido, de alguna manera, la inclusión social y la elevación del poder de consumo mientras hemos tenido abundancia pero no han profesionalizado ni preparado el país para enfrentar la escasez.

2.2 - SITUACIONES ACUCIANTES

Sin lugar a dudas la inseguridad se ha transformado en el problema que más agobia a los venezolanos. Las pandillas de antisociales, los delincuentes armados y organizados se han adueñado de los espacios públicos, segando vidas, enlutando hogares, sembrando el terror y el miedo en los pobladores urbanos y rurales. La democracia no existe si no se garantiza el derecho sagrado a la vida, el derecho a la propiedad y el derecho a transitar libremente por el territorio, sin verse sometido al toque de queda impuesto por el hampa. La indefensión y la frustración colectiva han llevado en algunos casos a los acosados pobladores a hacer justicia por su propia cuenta.

Venezuela ha pasado a ser uno de los países más inseguros y violentos del mundo. En las zonas fronterizas los grupos irregulares, los narcotraficantes, los secuestradores, los sicarios, las bandas armadas se mueven y actúan con toda libertad sin que nadie ponga coto a sus desmanes. La violencia está acabando con la vida y con la paz de la población venezolana y no se percibe que las autoridades nacionales y regionales, las instituciones educativas y sociales, los organismos de inteligencia y de seguridad le estén dando a este grave problema la urgente atención que amerita.

Según informes de organismos de Derechos Humanos la violencia cercena cuatro derechos fundamentales de los venezolanos: el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal, el derecho a la libertad de movimiento y de expresión y el derecho de acceso a la justicia. Hace un año, por ejemplo, fue asesinado al P. Daniel Orellana y aún no se ha incoado el juicio y los familiares han encontrado miles de obstáculos en sus gestiones para exigir justicia. El pueblo venezolano ha demostrado de manera persistente en estos últimos años su deseo de vivir pacíficamente dentro de un Estado Social de Derecho y Justicia. Debemos exigirles a nuestros gobernantes que ejerzan sus funciones y garanticen a los venezolanos el derecho primordial a la vida.

Preocupa también la excesiva dedicación de los gobernantes y líderes políticos, en general, a asegurar mayores cuotas de poder, descuidando la primera de sus funciones que es la de gobernar y resolver los graves problemas concretos que agobian la vida de los venezolanos como son entre otros: la violencia callejera, el desabastecimiento alimenticio, el descalabro de los hospitales, la mala calidad de la educación, la carencia de viviendas. Dejar de lado las necesidades fundamentales de la población para concentrarse en la búsqueda del poder político destruye el pueblo y siembra la anarquía social.

Las personas humanas son más importantes que las estructuras políticas. No se puede construir una democracia plural, inclusiva y respetuosa con insultos, descalificaciones, la siembra del odio y el cultivo de la violencia. Todos los venezolanos merecen respeto. Las autoridades tienen la obligación de crear las condiciones para que los habitantes de esta patria puedan vivir en paz, sin temor a ser descalificados por su forma de pensar.

Por tal motivo, la presidencia de esta Conferencia reprueba los insultos proferidos por el Primer Magistrado contra el Sr. Cardenal Jorge Urosa y otros miembros de la Iglesia. La Constitución nacional les garantiza a todos los ciudadanos y ciudadanas de este país el derecho de emitir libre y respetuosamente sus opiniones sin verse sometidos al escarnio público. Señor Cardenal, desde esta tribuna, en nombre de todos mis hermanos obispos, le manifiesto mi plena solidaridad y apoyo tanto a su persona como a la misión que con tanta dignidad lleva adelante en estos difíciles momentos.

Otro cáncer que pone en jaque la calidad y la salud de la vida democrática es la corrupción. No es un mal ni de hoy ni tampoco solo de Venezuela. Lo arrastramos desde hace décadas. Es un fenómeno conectado con la globalización económica. En nuestra patria ha alcanzado proporciones alarmantes debido, entre otros factores, a los ingentes ingresos producidos por el petróleo, el bajo nivel de consciencia ética de los dirigentes y empresarios, la falta de controles institucionales eficaces y la poca educación de la población para ejercer la contraloría social. Está presente en todas las esferas sociales. No conoce límites políticos ni geográficos. Está vinculada con el tráfico de estupefacientes, el reciclaje de dinero sucio, el comercio ilegal de armas, la compra de votos, el uso discrecional de los fondos del Estado y con diversas formas de criminalidad y de chantaje político. Aquellos que se apropian de los bienes de todos los venezolanos se enriquecen a costa de la pobreza de sus hermanos.

Se trata de un fenómeno que la Iglesia considera como un hecho muy grave.[13] Combatirla exige la voluntad política del gobierno, la convocatoria de todas las voluntades, un mayor compromiso del Poder Moral, el fortalecimiento ético de las instituciones públicas y privadas. Los pastores de la Iglesia, como formadores natos de la consciencia moral de los cristianos, que son mayoría en este país, tenemos el deber de revisar a fondo nuestros programas religiosos y educativos, actualizarlos y emprender una catequesis mucho más incisiva.

Todos los cristianos debemos empeñarnos a fondo en la creación de un clima nacional de convivencia y de solidaridad. La convivencia es posible entre nosotros. Los pedagogos señalan cuatro factores fundamentales para que el ser humano sea capaz de relacionarse bien y de convivir: aprender a pensar relacionalmente, crecer en la asertividad social,[14] desarrollar la inteligencia emocional y educar en valores morales. Para ser eficaz el programa educativo ha de incluir los cuatro elementos juntos. “Si uno de esos pilares falla, todo cae.”[15]

No permitamos que nos dominen las pasiones destructoras. Promovamos la resolución pacífica de los conflictos. Emprendamos programas de rehabilitación e inclusión social de los delincuentes y antisociales. Coloquemos la persona humana y sus derechos en el centro de todas nuestras instituciones, por encima del Estado y por encima de los grandes poderes económicos globalizados. Los derechos humanos son anteriores y superiores a cualquier institución social o ciudadana y no hay argumento político alguno que valga para someter al ser humano y transformarlo en un mero engranaje político o productivo, o en un esclavo del Estado y de sus líderes. Exijamos a nuestros gobernantes respeto para todos y el abandono definitivo en el debate político del recurso a la lucha de clases y a la violencia verbal. [16]

3. - AGENDA DE LA XCI ASAMBLEA ORDINARIA

Además de los tiempos celebrativos y de retiro, propicios para la oración y el discernimiento, esta Asamblea gira en torno a tres asuntos importantes: El primero, la elección de las nuevas autoridades de la CEV para el trienio 2009-2012. Se trata de elegir los cuatro miembros de la presidencia de la CEV, y de conformar las Comisiones Episcopales. El segundo la implementación de la Misión Continental, tema que ya abordamos más arriba. Finalmente la preparación de la “Visita ad Limina” a Roma del Episcopado venezolano. La Visita consta de tres momentos importantes: la peregrinación a las tumbas de los Apóstoles S. Pedro y S. Pablo, el encuentro Oficial del Episcopado y de cada Obispo con el Santo Padre y la presentación al Sumo Pontífice de un Informe llamado quinquenal sobre la situación de cada una de las Iglesias particulares de Venezuela.

Además de estos tres temas mayores, de los asuntos protocolares y de la presentación de Informes por parte de las Comisiones Episcopales, la agenda contempla otros puntos de interés como son: la publicación de una Exhortación Pastoral, la preparación del Congreso Eucarístico Nacional, del Cuarto Congreso Misionero Americano y del III congreso Latinoamericano de Jóvenes. Se proseguirá en el estudio de los Bicentenarios de la Independencia en América Latina, del Diezmo Misionero y de los Itinerarios Catequísticos. Nuestra Asamblea concluirá con una peregrinación del Episcopado a Barquisimeto para el lanzamiento nacional de la Misión Continental, acto que tendrá lugar en la misa de la Divina Pastora.

Al término de nuestra gestión trienal, quiero agradecer en nombre de mis hermanos de la Presidencia, la confianza que depositaron en nosotros y el apoyo solidario que nos brindaron en todo momento. Esperamos haber contribuido en el crecimiento en comunión de nuestras Iglesias particulares, en la consolidación de nuestra Conferencia Episcopal y en el bien de nuestra Patria. En el camino aprendimos a conocernos mejor, a respetarnos, a trabajar juntos y a aceptarnos con nuestras virtudes y defectos. Sabemos que todo no lo hemos hecho bien y pedimos perdón por las fallas cometidas.

En nombre de mis hermanos de la Presidencia y de todas las Comisiones Episcopales agradezco la fructífera labor cumplida por cada uno de los Departamentos del SPEV, por el personal secretarial y por la Gerencia y el personal de la Casa Monseñor Ibarra. Particularizo esta gratitud en la persona del P. Aldo Fonti, subsecretario general de nuestra Conferencia y que retorna a su diócesis, Rimini, en Italia, para atender el llamado de su Obispo, Don Francesco Lambiasi. Te agradecemos de corazón, Padre Aldo, tu valioso servicio ministerial durante treinta y un años en Venezuela así como tu eficiente colaboración tanto en la Pastoral Familiar Nacional como en la Subsecretaría general de la CEV. Que el Señor te premie con creces tu entrega y haga fecundo tu ministerio en tu tierra natal.

Pongo esta Asamblea bajo el patrocinio de nuestra Madre la Virgen, bajo las advocaciones de Nuestra Señora de Belén, patrona de Aragua y de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, patrona del Zulia, en el marco de la celebración del tricentenario de sus respectivas manifestaciones milagrosas. Encomendando nuestras labores a los siervos de Dios Dr. José Gregorio Hernández y Mons. Arturo Celestino Álvarez e invocando sobre nuestras sesiones de trabajo, la luz y la sabiduría del Espíritu Santo, declaro inaugurada esta Nonagésima Primera Asamblea Ordinaria de nuestra Conferencia Episcopal. Muchas gracias.


Caracas 7 de enero de 2009




+ Ubaldo R. Santana Sequera
Arzobispo de Maracaibo
Presidente de la CEV

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