lunes, 1 de septiembre de 2008

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ZS08083107 - 31-08-2008Permalink: http://www.zenit.org/article-28286?l=spanish
Sombras tras las Olimpiadas de Pekín

Al país todavía le falta la medalla de oro en derechos humanos

ROMA, domingo, 31 agosto 2008 (ZENIT.org).- Los espectaculares resultados de China en el medallero olímpico no se corresponden, desgraciadamente, con sus resultados en el respeto a la libertad religiosa y a los derechos humanos.
La dura represión de la oposición tibetana unos meses antes de los juegos no dejó dudas sobre la firme resolución de las autoridades chinas de acabar con cualquier oposición. Ni tampoco las enérgicas medidas contra los activistas cristianos días antes de la apertura del evento olímpico.
Las autoridades del gobierno ordenaron al pastor protestante Zhang Mingxuan que abandonara Pekín durante las Olimpiadas, según el South China Morning Post del 1 de agosto. Este antiguo hombre de negocios ha pasado los últimos 22 años viajando a lo largo de China, dedicándose a la evangelización no autorizada.
Durante la pasada década levantó más de 10 hogares iglesia - lugares de reunión de cristianos no oficiales y no registrados. De estos, sólo tres permanecen operativos; el gobierno ha cerrado el resto.
El 7 de agosto, un reportaje de la Union of Catholic Asian News afirmaba que este profesor protestante no ha sido el único objetivo. Según el reportaje, se ha prohibido a algunos obispos y sacerdotes no afiliados a la Iglesia católica reconocida por el gobierno que administraran los sacramentos y realizaran labores pastorales a partir de últimos de julio.
En cuanto a la situación en Pekín, UCA News citaba información de activistas de la Iglesia clandestina que decían que, desde principios de agosto, la mayoría de los sacerdotes clandestino que han estado trabajando en la capital habían vuelto a sus lugares de origen hasta que terminaran las Olimpiadas.
Así, mientras algunos esperaron que los juegos abrieran China al resto del mundo, parece que ha ocurrido lo contrario, según una visión de la situación, publicada por el National Catholic Register en su número del 10 al 16 de agosto.
El Register citaba una estimación de unos 12 millones de católicos y 70 millones de protestantes en China. De este total, la mayoría pertenecen a la Iglesia católica clandestina o a iglesias hogar protestantes.
Según el artículo, durante el pasado año más de 600 protestantes fueron arrestados o detenidos, a 38 de los cuales se les aplicaron sentencias superiores a un año. Entre los católicos hay aproximadamente 35 obispos clandestinos en prisión, en arresto domiciliario u ocultos, según datos citados por el Register.
Un ajuste
Steve Mosher, presidente del Population Research Institute, declaró al Register que cientos de misioneros han sido expulsados de China. "Ha habido un ajuste por todo el país", afirmaba.
Dentro de la Villa Olímpica, los competidores tenían lugares de culto y docenas de clérigos disponibles. Esta libertad no va más allá de dicho perímetro, comentaba el 10 de agosto un artículo sobre derechos religiosos en China, publicado por el Washington Post.
El artículo confirmaba otros informes de una represión de las autoridades, que incluía arrestos de líderes religiosos, denegación de visados a misioneros extranjeros y derribo de lugares de culto.
De igual forma, algunos seminarios de Pekín han sido cerrados basándose en que no estaban registrados en los organismos aprobados por el gobierno.
"Una importante razón para la represión han sido las Olimpiadas. Este años, los líderes chinos se enfrentaban a más presión de organizaciones extranjeras, iglesias hogar, e incluso de los ciudadanos individuales", afirmaba Fan Yafeng al Washington Post, profesor de derecho en el Instituto Jurídico de la Academia China de Ciencias Sociales y líderes de la iglesia hogar Sina de 80 miembros.
Durante las Olimpiadas mismas no tuvieron éxito los intentos de misioneros de Estados Unidos de viajar a China para repartir Biblias, puesto que los funcionarios de aduanas chinos confiscaron el material, informaba el 17 de agosto Associated Press.
Cuatro misioneros del grupo Vision Beyond Borders llegaron al aeropuerto de la ciudad de Kumming, con la intención de distribuir Biblias a la gente de la ciudad. El grupo, con sede en Sheridan, Wyoming, distribuye Biblias y materiales de enseñanza cristiana por todo el mundo para "robustecer a la iglesia perseguida", según su página web.
El error olímpico
Sobre la cuestión más amplia del respeto por los derechos humanos en China, Freedom House publicaba recientemente "China y las Olimpiadas". La organización, con sede en Washington, afirmaba que Pekín ha intensificado su represión en algunos aspectos durante la preparación para las Olimpiadas.
Freedom House comentaba que los periodistas chinos se enfrentan a mayores represiones hoy que en el 2001, cuando al país se le concedieron los Juegos Olímpicos. Los periodistas no sólo tienen todavía que someterse a adoctrinamiento marxista, sino que el Departamento Central de Propaganda dicta el contenido a través de directivas diarias.
Los juegos también llevaron a desahuciar a más de un millón de personas de sus hogares para hacer espacio para las nuevas instalaciones. Asimismo, las autoridades detuvieron a cientos de personas que venían a Pekín como "peticionarios" buscando justicia por los abusos de los funcionarios locales.
Esto lo confirmaba el 2 de agosto un artículo publicado por el Washington Post, que describía cómo los Juegos Olímpicos se han convertido en ocasión para actuar contra "disidentes, molestos y descontentos".
El artículo citaba las afirmaciones de expertos en derechos humanos, que afirmaban que miles fueron encarcelados en la represión previa a los juegos.
Las organizaciones de derechos humanos también acusaban a China de un aumento de las violaciones de derechos básicos. Una nota de prensa de Human Rights Watch el 6 de agosto afirmaba que el camino hacia las Olimpiadas de Pekín "estaba marcado por una bien documentado serie de violaciones de los derechos de libertad de expresión y asociación, así como la libertad de los medios".
Entre los puntos puestos de relieve por Human Rights Watch estaba el hostigamiento y restricción de los medios extranjeros, en violación de las promesas hechas por China cuando ganó los juegos. La nota de prensa también observaba la expulsión de Pekín de trabajadores emigrantes, mendigos y otros "indeseables", antes de las Olimpiadas.
Sin protestas
Las autoridades tomaron cuidadosas medidas para evitar cualquier protesta durante los juegos pero, como una concesión, anunciaron la creación de lugares especiales donde las protestas aprobadas oficialmente podrían llevarse a cabo.
El 19 de agosto, sin embargo, el Los Angeles Times informaba de que las autoridades chinas no aprobaron ninguna de las 77 peticiones que recibieron de personas que querían expresar sus protestas en estos lugares.
El artículo citaba información publicada por la agencia estatal Nueva China, que afirmaba que 74 de las peticiones fueron rechazadas debido a problemas "de no haber sido dirigidas a las autoridades o departamentos apropiados". Las otras tres fueron rechazadas.
Aunque las autoridades podían sofocar cualquier protesta local, no podrían controlar a los numerosos reportajes de los medios internacionales sobre derechos humanos. France 24, un canal de televisión francés, aireó un documental sobre trasplantes ilegales de órganos en China.
Según una información hecha pública el 7 de agosto por France 24, cientos de extranjeros ricos se dirigen a China como un atajo para lograr un trasplante de órganos que podrían salvar sus vidas.
La fuente de estos órganos, indicaba la cadena francesa, son los presos sentenciados a muerte. La información decía que cada año China ejecuta entre 2.000 y 10.000 presos. Según Amnistía Internacional, el 90% de las operaciones de trasplantes en China provienen de presos ejecutados.
France 24 afirmaba que las autoridades reconocían la práctica, pero sostenían también que los presos daban su consentimiento. No obstante, la información francesa hacía referencia a evidencias de familiares de algunos convictos ejecutados que habían negado su consentimiento.
Mientras tanto, al otro lado del mundo, mientras Benedicto XVI pasaba sus vacaciones en el norte de Italia, visitó el lugar de nacimiento de San Joseph Freinademetz, un misionero italiano que pasó la mayoría de su vida en China. "Es importante que este gran país se abra al Evangelio", remarcaba el Papa.
"San Joseph Freinademetz nos muestra que la fe no significa alienación de una cultura, de un pueblo, porque todas las culturas están esperando a Cristo y el Señor no las destruye: de hecho (en él) alcanzan su madurez", comentaba el Pontífice. Una madurez de la que todavía carece China.

Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado

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